México | No son los videojuegos

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Excélsior Paul Lara

México es una nación que no cuenta con las herramientas necesarias para prevenir el reclutamiento de menores por parte del crimen organizado, y es fácil culpar a internet, a los videojuegos o a cualquier tecnología en la que se realice una comunicación bidireccional, como pueden ser redes sociales, servicios de mensajería o juegos multiplayer.

Déjenme les doy un dato para ir entendiendo la problemática y no culpar a las industrias tecnológicas, como lo han hecho con los videojuegos la semana pasada. Entre 35 mil y 45 mil niños, niñas y adolescentes son reclutados y explotados por los grupos criminales de México cada año, según datos de Reinserta, fundación que busca reformar el sistema penitenciario del país y ofrecer oportunidades para las personas que salen de prisión.

Y este fenómeno no se trata mucho en los medios, de él no se habla en las mañaneras ni se trata de erradicar desde la raíz. El caso aislado de los tres niños de Oaxaca se puso como una victoria por parte del gobierno federal, pero no se habló más allá de eso: de la problemática social que viven esos niños o adolescentes que fácilmente son atraídos por los criminales, o de que hoy en día el narcotráfico no sólo cuenta con mejores armas que la Guardia Nacional, además, cuentan con expertos en tecnologías de la información e ingeniería social que supera el trabajo de las autoridades.

En México no se ha querido abordar este tema de reclutamiento de niños por parte de los cárteles de la droga. Es como negar que a las niñas se les sigue vendiendo en algunas partes del país y decir que ahí sí hay casos aislados.

Hay algo que es cierto, algunas plataformas, como los videojuegos multiplayer, las redes sociales o los servicios de mensajería son usados como vectores de reclutamiento por parte del crimen organizado, muchas veces por la poca supervisión de los padres. Y aunque durante la pandemia muchos de estos servicios ayudaron a que los menores no cayeran más en temas de depresión por el encierro, e incluso les salvaron la vida a varios, siempre es prudente esa constante atención de lo que ven y con quién se comunican.

Sin embargo, este no es el factor predominante y los demás “pasan desapercibidos” por la autoridad.

Mucha gente cree que el reclutamiento de menores se refiere a que los niños son captados de manera forzada y llevados a centros de entrenamiento para ser sicarios. Eso no es cierto. Cuando hablamos de reclutamiento en la infancia tenemos que entender que hay varios modos de reclutamiento. No podemos negar que existe el forzado, donde los niños de los migrantes o de la gente más pobre del país son robados o vendidos por sus padres a la delincuencia organizada y las fuerzas armadas.

Pero otras veces también influyen los factores de riesgo en los que se desarrollan estos menores de edad. Por ejemplo, hambre, violencia extrema en casa, sin posibilidades de ir a la escuela, falta de oportunidades u otras situaciones de marginación que el gobierno no atiende y que quiere resolver con inútiles programas sociales que sólo incentivan su reclutamiento.

La escuela representa un factor protector o de riesgo según las condiciones o características de esta. Debido a la pandemia, algunas escuelas permanecieron cerradas y se ha recurrido a medios electrónicos para continuar la implementación de planes educativos. Lo anterior ha limitado la posibilidad para que niñas, niños y adolescentes encuentren espacios de interacción social distintos. Aunado a esto, se ha hecho evidente la desigualdad social que permea en los hogares mexicanos, ya que es limitada la población que tiene acceso a nuevas tecnologías, y por eso es risible culpar a los videojuegos del reclutamiento de los cárteles de la droga. ¿Cuántos hogares de niños susceptibles a ser reclutados cuentan con consolas de videojuegos o computadoras, y a ello súmele internet de alta velocidad para el multiplayer y periféricos para comunicación?

Estas desigualdades dejan la puerta abierta al crimen organizado, las niñas, niños y adolescentes permanecen más tiempo en su hogar, expuestos a violencia, carencias económicas, tecnológicas, sociales, educativas y económicas. Si bien no se cuenta con una cifra actualizada de cómo ha aumentado el reclutamiento de menores en los últimos meses, sí es viable señalar que los factores mencionados se han ido exacerbando, lo que ha sido aprovechado por grupos criminales para reclutar niñas, niños y adolescentes.