Operadores estadounidenses buscan demostrar que su apuesta en 5G pagará dividendos

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La última licitación de espectro radioeléctrico en Estados Unidos rompió los récords de recaudación de procesos similares en dicho país, al levantar 80.9 mil millones de dólares por el acceso a la banda C. Si bien para el gobierno son buenas noticias por el acceso a recursos financieros frescos, para los operadores podría representar una carga adicional en el ya de por sí complejo proceso de despliegue de infraestructura de última generación.

La siguiente generación de redes celulares 5G llega con altas expectativas en la habilitación de nuevos servicios digitales. Mientras que generaciones anteriores como 4G ó 3G se destinaron principalmente para servicios de comunicaciones y el acceso a Internet a través de smartphones y otros dispositivos móviles, se espera que las redes 5G aceleren la digitalización de servicios y procesos en múltiples verticales industriales.

En ese sentido, su despliegue representa un nuevo reto para los operadores en el mundo que requieren del acceso a nuevas fuentes de capital para el despliegue de la red. La suficiente densificación de la red que permita la atención a millones de dispositivos inteligentes para Internet de las cosas (IoT), además de la instalación de nuevos tramos de fibra óptica que habilite las características de velocidad y respuesta de la nueva red, ejercerán una nueva presión sobre los márgenes operativos de los operadores.

Por ello, ante la creciente demanda de capital en infraestructura, asociaciones industriales han presentado llamados al gobierno por abaratar el espectro radioeléctrico, de modo que los operadores puedan destinar esos recursos a acelerar el despliegue de la red o incrementar la cobertura, especialmente hacia zonas actualmente desatendidas.

Contrariamente, el alza a los precios del espectro que se ha registrado en las últimas licitaciones en Estados Unidos podría elevar el reto de los operadores por destinar los recursos necesarios al despliegue de la infraestructura, y asegurar la calidad y cobertura de la misma.

“Para ofrecer servicios de banda ancha móvil asequibles, extensos y de alta calidad, los operadores móviles necesitan un acceso asequible y predecible a suficiente espectro de radio. Sin embargo, las políticas que buscan maximizar los ingresos estatales pueden tener una influencia negativa en los resultados del consumidor, incluidos servicios móviles más costosos y la reducción de la inversión en redes”, advierte la GSMA en un estudio sobre precios del espectro publicado en 2018.

Entre los principales críticos del proceso se encuentra Eric Schmidt, exCEO de Google y actual presidente de Schmidt Futures. En una columna publicada en el Financial Times, aseguró que la última licitación de espectro fue “un revés digital que Estados Unidos y sus aliados no pueden permitirse”.

Schmidt consideró que la política recaudatoria sobre el espectro podría poner en riesgo el liderazgo tecnológico del país, mientras China ha establecido al 5G como un pilar estratégico para el crecimiento de su economía y su desarrollo tecnológico, dotando de la mayor cantidad de espectro a sus operadores estatales.

Para los críticos, el mayor riesgo que enfrentan los operadores ante el mayor costo del espectro no es cuestión puramente de finanzas, sino una cuestión de competitividad nacional que puede crear desventajas frente al rápido avance de las principales naciones rivales de Estados Unidos.

En el sector financiero, por su parte, se encuentran posiciones divididas. Al mismo tiempo que algunos analistas consideran que el precio del espectro de la banda C se ubicó en un nivel razonable, hay quienes mantienen sus expectativas con cautela ante el creciente apalancamiento de la industria de telecomunicaciones. Está por verse la rapidez con la que los operadores logran el despliegue de la red pero, sobre todo, de los nuevos servicios que generen los beneficios económicos prometidos por el 5G.

Durante la licitación de espectro 107 de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) se logró recaudar 80.9 mil millones de dólares entre 21 participantes por 5 mil 684 licencias.

El monto final logró superar ampliamente las expectativas de la industria. CreditSights esperaba un monto final de 38 mil millones de dólares, conforme los operadores buscarían no presionar su calificaciones de deuda. New Street Research estimaba hasta un total de 52 mil millones.

Aunque la cifra sorprendió al mercado, el monto se puede explicar por el creciente interés de los operadores por acceder a espectro en las bandas medias, las cuales ofrecen una mejor mezcla de cobertura y velocidad. Mayor cobertura que las bandas altas como las milimétricas, y mejor ancho de banda que las bandas bajas.

Cabe señalar que Verizon tenía un especial interés por incrementar su posesión de espectro en bandas medias, que le permitiera competir más eficientemente frente a la creciente presencia de T-Mobile, operador que sumó a su portafolio más de 100 MHz de la envidiable banda de 2.5 GHz mediante la fusión con Sprint.

Antes de la subasta, el propio Mike Sievert, CEO de T-Mobile, había pronosticado que AT&T y Verizon “se matarían entre ellos por la banda C”, que gastarían miles de millones de dólares que “no tienen”, y “pondrían en riesgo sus planes de recompra de acciones y pago de dividendos”.

Adicionalmente, más allá de una auténtica demanda por acceder a mayor cantidad de espectro, la casa de bolsa Evercore especula que las compañías cableras tuvieron una pequeña participación en el alza del precio, obligando a los operadores móviles a incrementar sus apuestas en el proceso.

“A pesar de que (la asociación) Comcast/Charter realizó un depósito de 100 millones de dólares, que le daba la capacidad de ser un jugador importante en la subasta, no hizo una sola oferta. Nuestra mejor suposición es que los operadores de cable estaban satisfechos con sus inversiones en espectro CBRS, pero pensaron que apuntar interés en la banda C podría hacer subir los precios, lo que sobrecargaría los balances de sus competidores inalámbricos”, señala Evercore.

En particular, Verizon y AT&T fueron los principales ganadores de la licitación, pagando entre ambos cerca del 85 por ciento del total de la recaudación durante este proceso. Verizon obtuvo 161 MHz de espectro promedio en la banda C a nivel nacional, AT&T salió con 60 MHz y T-Mobile cerca de 40 MHz promedio.

ParticipanteOferta bruta ganadora (dólares)
Verizon (Cellco)$45,454,843,197
AT&T$23,406,860,839
T-Mobile$9,336,125,147
United States Cellular Corp$1,282,641,542
NewLevel II$1,277,395,688

Además del pago por el espectro al Departamento del Tesoro de Estados Unidos, se estima que los operadores tendrán que pagar entre 13 a 15 mil millones de dólares más para limpiar la banda de los actuales servicios satelitales, especialmente, si buscan acceder rápidamente al uso de las frecuencias.

Apalancamiento al alza

Aunque los operadores participantes demuestran finanzas sólidas, los gastos de este monto los lleva a recurrir a los mercados financieros para acceder a recursos frescos que les permita cumplir con las nuevas obligaciones adquiridas. Según un reporte de Bloomberg, se estima que tan solo Verizon y AT&T han adquirido deuda bancaria a corto plazo por al menos 40 mil millones de dólares, que serían eventualmente pagados mediante la emisión de títulos de deuda en los mercados financieros.

Para pagar su parte en la subasta, T-Mobile habría colocado bonos por 3 mil millones de dólares a principios de 2021.

En el caso de Verizon, al tomar en cuenta los procesos de recaudación de capital en el mercado financiero, New Street Research estimaba que la compañía había llegado a la subasta con cerca de 23 mil millones de dólares disponibles para apostar por la banda C, nivel superior a los 19 mil millones que la consultora estimaba que gastaría inicialmente. Al final, el operador gastó más de 45 mil millones de dólares en el proceso.

Después de finalizada la subasta, la compañía anunció a principios de marzo un préstamo bancario a plazo diferido (Delayed draw term loan) por 25 mil millones de dólares, lo que se suma a los 12 mil millones de dólares que la compañía había colocado en bonos en noviembre de 2020.

Verizon cerró 2020 con una deuda neta por 106 mil millones de dólares, nivel que probablemente aumentará conforme el operador despliegue su red y los servicios en la banda. El operador reveló que incrementaría su gasto en capital (Capex) por 10 mil millones de dólares durante los siguientes tres años, para poner en uso el espectro obtenido. Esto se sumaría a los 18 mil millones de dólares anuales que la compañía había anunciado en Capex.

Stone Fox Capital, asesora de inversiones, espera que la tasa de deuda neta a EBITDA de Verizon se incremente a 2.8 veces en 2021, significativamente más alto que el nivel de dos veces registrado el año pasado.

Por su parte, AT&T adquirió también un préstamo bancario por 14.7 mil millones de dólares en febrero de este año, con la expectativa de ser pagado posteriormente mediante recursos obtenidos en el mercado de bonos. Anteriormente, el Wall Street Journal (WSJ) había informado que la compañía adquirió 3.5 mil millones de dólares en el mercado de deuda de corto plazo en papel comercial.

Con una deuda total de 166 mil millones de dólares, AT&T sería la compañía más endeudada en Estados Unidos, en parte compensada por cerca de 10 mil millones de dólares que posee en efectivo, según información de Bloomberg Intelligence. Pero este nivel aún se encuentra por debajo de los 181 mil millones de dólares que registró después de la compra de Time Warner en 2018.

Aunque esta posición podría considerarse como un riesgo significativo, la compañía ha tratado de dar tranquilidad a los mercados al asegurar que en 2021 destinará al menos 8 mil millones de dólares para la reducción de deuda, además de que a finales del año pasado logró refinanciar cerca de 60 mil millones de dólares a tasas más bajas, y redujo al menos el 50 por ciento de la deuda a vencer en 2025.

“Mucha gente cita la deuda a largo plazo de AT&T como inmanejable o como una señal de alerta. La deuda sólo es un problema si la empresa no tiene la estabilidad financiera para atenderla”, considera Steven Fiorillo, inversionista colaborador en el sitio especializado Seeking Alpha.

En ese sentido, al considerar los plazos para el pago de deuda de la compañía hacia los próximos años, Fiorillo estima que AT&T podría reducir su nivel de deuda hasta 142.65 mil millones de dólares en 2025, que se mantiene más dentro del “costo de hacer negocios que una señal de alerta”.

Recientemente, la calificadora Fitch Ratings anunció que rebajaría la calificación de la deuda de largo plazo de AT&T de A- a BBB+, tres grados por encima de la calificación de bono basura.

Fitch explica que la rebaja en la calificación refleja las expectativas de que el nivel de apalancamiento de la compañía se mantendrá por encima del umbral de sensibilidad de calificación negativa de deuda bruta de telecomunicaciones sobre el EBITDA operativo de 2.5 veces durante un periodo prolongado. Al cierre de 2020, AT&T registró un nivel de apalancamiento de tres veces, aunque Fitch espera que al 2021 se ubique alrededor de las 3.5 veces.

Lo anterior evalúa el riesgo de factores como el gasto en la adquisición de la banda C, presiones sobre la operación derivadas de la presente pandemia por coronavirus, además de presiones en el negocio de video. La calificadora estima que AT&T incurra en inversiones por alrededor de 6 a 8 millones de dólares para el despliegue de infraestructura en la banda C entre los años 2022 a 2024.

Sin embargo, Fitch también considera que la valuación del espectro se mantuvo sobre márgenes “razonables”, con un precio promedio por MHz/POP de entre 94 a 95 centavos de dólar, significativamente menor a los 2.30 dólares que se pagó por un bloque de 50 MHz en la banda AWS-3 y muy cerca de los 0.93 dólares MHz/POP que se obtuvo en la licitación por incentivos de la banda de 600 MHz.

El que no arriesga, no gana

Finalmente, la respuesta a la cuestión sobre si el precio del espectro fue caro o no, se encontrará en la habilidad de los operadores por presentar al mercado casos de negocio que sustenten tal inversión. Además del rápido despliegue de la red, el 5G presenta nuevos retos que obligará a los operadores a reevaluar sus modelos de negocio, lo que incluye pasar de oferentes de servicios de comunicaciones para consumidor, a la oferta y habilitadores de nuevas soluciones digitales en verticales industriales.

Hasta el momento, los despliegues de 5G en Estados Unidos se limitan a ciertas áreas de servicios en las bandas milimétricas y en ofertas de servicios fijos inalámbricos para el hogar. Sin embargo, se estima que el verdadero potencial de la nueva generación inalámbrica se encuentra en la oferta de conectividad para procesos productivos y nuevas soluciones de comunicación, incluyendo autos y objetos conectados en ciudades inteligentes, procesos de digitalización de industrias como minería, minorista, salud y educación, así como soluciones de Realidad Virtual y Aumentada, que requerirán de la velocidad y la latencia prometida de la nueva red.

Críticos como Schmidt, también esperan que este proceso de licitación no repita la historia europea, cuando se utilizó el espectro como herramienta recaudatoria y dejó al continente retrasado en el despliegue de redes 3G.

Hablando sobre los planes a futuro para el espectro, Verizon reveló que espera cubrir aproximadamente a 100 millones de personas con 5G en la banda C en los próximos 12 meses. La compañía también planea construir otros 14 mil sitios de ondas milimétricas este año, “ofreciendo la mejor experiencia de 5G”, dijo el Director Financiero de Verizon, Matthew Ellis.

Entre 2022 y 2023, Verizon espera llegar a 175 millones de personas cubiertas, con la expectativa de que la mitad de su base de suscriptores tengan dispositivos habilitados para 5G. Hacia 2024, la compañía espera dar cobertura a 250 millones de personas.

AT&T, por su parte, aseguró que su red actual 5G cubre a 230 millones de estadounidenses en 14 mil ciudades y pueblos, y AT&T 5G+ ahora está disponible en partes de 38 ciudades. El año pasado, AT&T se vio envuelta en una polémica por la publicidad de su red cuando comenzó a desplegar el logo “5G E” en los dispositivos de sus usuarios, asegurando que había desplegado 5G, a pesar de haberse descubierto que sólo era una actualización de la red LTE.

“Planeamos implementar este espectro de banda media a partir de finales de este año y hasta el 2022 y más allá. Complementará nuestra red 5G nacional en banda baja y nos permitirá ofrecer velocidades promedio más rápidas en todo el país”, asegura la compañía en un comunicado.

En línea con el estilo particular de T-Mobile, el operador señaló que 45 mil millones de dólares “puede comprar muchas cosas, pero el liderazgo 5G no es una de ellas”. Aseguró que actualmente cubre 287 millones de personas con 5G de rango extendido y 125 millones de personas con 5G de ultracapacidad, en camino de cubrir 200 millones en 2021, “antes de que los competidores tengan la oportunidad de comenzar a implementar 5G de banda media”.

“En pocas palabras, Verizon y AT&T apostaron por el caballo equivocado, hicieron todo en  onda milimétrica, y ahora están en dificultades (…) y escribiendo grandes cheques (…) para tratar de ponerse al día. Mientras tanto, estamos en camino de implementar Ultra Capacity 5G en todo el país antes de que puedan tener en sus manos la C-Band”, dijo Neville Ray, presidente de Tecnología de T-Mobile.

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