Por una Transformación Digital Nacional

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Mucho se ha hablado de la importancia de la conectividad como elemento esencial para lograr la inclusión digital, utilizando el acceso a la red global de Internet como un instrumento facilitador para que individuos, organizaciones, empresas y gobiernos se beneficien del insumo de la información.

La información se conforma por datos, elementos esenciales de la información que, ordenados y estandarizados para ser compatibles con el contenedor del cual son explotados o extraídos para su aprovechamiento, dan forma a inmensos flujos de información que circulan cada segundo por Intenet. “El tráfico mundial a través del Protocolo de Internet (IP), un proxy para los flujos de datos, pasó de unos 100 gigabytes (GB) al día en 1992 a más de 45,000 GB por segundo en 2017 (…). Y eso que el mundo solo se encuentra en los principios de la economía basada en datos; se prevé que para 2022 el tráfico IP mundial alcance los 150,700 GB por segundo, alimentado por un número cada vez mayor de personas que se conectan por primera vez y por la expansión de la Internet de las Cosas.”[1]

El dato es en nuestros días un nuevo bien de consumo masivo, de gran valor, aprovechado al máximo por las grandes empresas digitales nacidas recientemente gracias al crecimiento exponencial de la red que las habilita: Internet.

Estas empresas, características de la naciente economía digital, han sabido capitalizar el valor de la información al tal grado que se han convertido en gigantes económicos mundiales “Google acapara alrededor de 90 por ciento del mercado de búsquedas en Internet. Facebook representa dos tercios del mercado mundial de los medios sociales y es la principal plataforma de medios sociales en mas de 90 por ciento de las economías del mundo. Amazon presume de tener una cuota de casi 40 por ciento de las ventas minoristas en línea del mundo, y los Servicios Web de Amazon representan una cuota similar del mercado mundial de servicios de infraestructura en la nube. En China, WeChat (propiedad de Tencent) tiene más de 1,000 millones de usuarios activos y, junto con Alipay (Alibaba), su sistema de pago ha capturado prácticamente todo el mercado de pagos móviles en China. Por otro lado, se estima que Alibaba copa cerca de 60 por ciento del mercado chino de comercio electrónico.”[2]

La economía digital coloca “el dato”, la estructura básica de la información, en el corazón del ecosistema de las relaciones económicas entre los individuos, las organizaciones empresariales y los gobiernos. De las implicaciones en las relaciones sociales y el impacto en las culturas locales y regionales hablaremos en otras entregas, pero no necesitamos mucha evidencia de lo que significan, por ejemplo, las redes sociales, para ellos.

Más allá de las industrias digitales, primeras beneficiarias de la hiperconectividad que caracteriza el mundo actual, todas las entidades económicas están afrontando retos nunca antes vistos. La transformación de los mercados en la economía digital, ahora totalmente globalizados, están forzando a gobiernos e industrias a afrontar de lleno los enormes retos de la Transformación Digital.

Me refiero a la “Transformación Digital” como aquel esfuerzo que hace una organización para transformarse, basándose en una cuidadosa planeación estratégica con visión de innovación y adecuada aplicación de la tecnología. Más que tan sólo el uso de la tecnología, se necesita desarrollar una estrategia digital que impulse una adecuada y exitosa Transformación Digital.

Es claro que las telecomunicaciones son tan sólo un insumo del ecosistema que supone el sumergirse en un proceso de Transformación Digital; un insumo esencial, indispensable, pero no suficiente.

Los individuos y las organizaciones deben de ser capaces de utilizar las tecnologías digitales cotidianamente. De no ser así, quedarán excluidos de la transformación económica y social del mundo y, por lo tanto, destinados a la marginación.

Ante la ausencia de políticas públicas que impulsen la Transformación Digital, México se enfrenta ahora, y en los años por venir, al problema de un inminente crecimiento de la brecha digital, poniendo en riesgo sobre todo los grupos más vulnerables de nuestra sociedad. Los temas de innovación tecnológica han quedado en el olvido o cuando menos están ausentes en el discurso oficial y en los hechos, con la diminución alarmante del apoyo a la ciencia y al emprendimiento.

Si no tomamos acciones contundentes para la digitalización de la educación, para el desarrollo de habilidades digitales de los trabajadores, para mejorar el sector salud con tecnologías digitales para, además de mejorarla, dotar a la conectividad de una utilidad práctica y real para los individuos, para impulsar la modernización tecnológica de nuestras industrias, todos, irremediablemente, nos veremos afectados. Todos, incluidos los mexicanos del futuro.

Si queremos ser parte importante del cambio que requieren los individuos, las organizaciones y las empresas de todo tipo, en todos los sectores económicos. Si queremos ayudar a modernizar las formas de trabajo, a crear innovación, a fomentar la apropiación tecnológica, a mejorar la educación, la producción, la salud y, por qué no, si queremos formar parte de un cambio que nos encamine y nos permita ser una sociedad más justa, más prospera y más feliz, no debemos dejar de insistir:

¡Necesitamos una política de Transformación Digital de la sociedad!

No basta con una Estrategia Digital Nacional, ni una oficina en la Presidencia de la República que la encabece. Se requiere de una verdadera y única política de Transformación Digital Nacional, que establezca, eso sí, una estrategia digital clara que involucre a todos los sectores económicos y sociales y que incluya en su diseño los mecanismos de coordinación necesarios, al tiempo de asegurar los mecanismos financieros que habrán de requerirse, con una visión de largo plazo.

No hacerlo ya, es, desde mi punto de vista, un acto de grave omisión que resultará en un futuro poco esperanzador para México.


[1] Naciones Unidas (2019). Informe sobre la economía digital 2019. Nueva York; Naciones Unidas.

[2] Ibídem.

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