La pandemia permitió a las grandes tecnológicas aumentar su participación de mercado, convirtiéndose en las organizaciones más ricas y poderosas del mundo. Las cuatro empresas de tecnología conocidas bajo el apodo de Big Tech (Amazon, Apple, Google y Meta) controlan desde las plataformas de software, la comunicación en línea, los pagos digitales y hasta el comercio electrónico.

Estamos viviendo un movimiento de acción internacional para regular la economía digital. Las Big Tech se enfrentan a una serie de demandas antimonopolio tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea. 

Las demandas antimonopolio actuales contra Big Tech apuntan a dos resultados: dividir a los gigantes y permitir la competencia devolviendo el poder a los consumidores. Afirman que las grandes tecnológicas están devorando a sus competidores más pequeños, encerrando a los vendedores y desarrolladores en términos injustos, creando monopolios y limitando las opciones de los usuarios.

Para 2022, es probable que no todas las demandas tengan éxito. Sin embargo, estas empresas tendrán que hacer cambios sustanciales para alinearse a nuevas reglas que servirán como hoja de ruta para otros países. Dos ejemplos son la Ley de Mercados Digitales (DMA) y la Ley de Servicios Digitales (DSA) que se espera sean aprobadas en 2022 por el Parlamento de la Unión Europea.

Regular el poder de Big Tech no será una tarea fácil y podría durar varios años. Pero estas empresas comenzarán a hacer movimientos para autorregularse con el fin de calmar las preocupaciones de los legisladores.

Por un lado, Apple se verá obligada a permitir más opciones de pago en su tienda de aplicaciones; Google comenzará a dar más visibilidad a otras opciones de motores de búsqueda y sistemas de publicidad en línea, como ya lo ha hecho en dispositivos Android; Amazon tendrá que modificar sus cláusulas de precios para vendedores terceros y evitar en la medida de lo posible dar preferencia a sus propios productos. 

Finalmente, Meta (Facebook) tendrá que desarrollar más herramientas de seguridad y privacidad para sus plataformas, evitar nuevas adquisiciones, al mismo tiempo que invierte más en cabildeo para demostrar que sus adquisiciones (Instagram y WhatsApp) compiten “justamente” con otras plataformas en crecimiento como TikTok y Telegram.