¿Qué futuro quieres?

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Excélsior Paul Lara

Se realizaron las elecciones más grandes de México y para mí, elegir por quién votar fue complicado, pues las propuestas que realizaron los candidatos para alcaldía y legislatura están lejos de atender los problemas que nos aquejarán en un par de años.

Ninguno de los políticos en México, e inclusive en gran parte del mundo, habla sobre cómo evitar la desaparición de la clase media o cómo impulsar a que los jóvenes se vayan preparando para un futuro totalmente diferente al que conocemos hoy en día, por temas de avances tecnológicos que impulsan la automatización de las tareas repetitivas, que es donde la mayoría de la gente de esta clase media trabaja.

La pandemia nos ha demostrado cómo la tecnología se ha expandido con una rapidez nunca antes vista debido a la aceleración de la digitalización y la automatización y los efectos asociados, sin que estemos preparados como sociedad para hacer frente a la era de la convergencia de las tecnologías digitales, físicas y biológicas o la denominada cuarta revolución industrial.

La última revolución industrial se caracterizó por la masificación de las computadoras y la llegada del internet. Eso permitió un importante desarrollo para la mayoría de la población humana no vista desde los años 60. Las primeras revoluciones industriales se caracterizaron por abolir los gremios, acabar con el artesano y crear una nueva clase de trabajadores asalariados, muy especializados en trabajos repetitivos (automatización del empleo).

Hoy presenciamos cómo los empleados con mayor experiencia —quienes tenían mejores condiciones laborales y salariales— son despedidos y la clase media característica de occidente corre el riesgo de extinguirse, porque el desempeño de trabajos especializados, repetitivos y de análisis de datos ha recaído en las máquinas y ningún político o gobierno está atendiendo este asunto.

Analizando la teoría política de la Ventana de Overton, aquella que describe como una ventana estrecha el rango de ideas que el público puede encontrar aceptable —como en México la inseguridad, las pensiones, la corrupción, el “no más de lo mismo”, entre muchas otras—. La premisa de dicha teoría establece que la viabilidad política de esas ideas se definen básicamente por el hecho antes que por las preferencias individuales de los políticos. En pocas palabras, dan lo que se quiere oír y no lo que se debería hacer para atender realmente los problemas que nos aquejarán en unos años. Por eso al analizar las propuestas de los políticos mexicanos te das cuenta que ninguno está viendo al futuro.

A lo largo de la historia hemos visto cómo las revoluciones industriales se caracterizan por destruir empleo, pero también por crearlos. En este caso, el trabajo del futuro debe ser ya tomado en cuenta para no terminar polarizando más el futuro y en unos años se venga a decir “que la destrucción de la clase media es culpa del neoliberalismo”.

Las máquinas no son un enemigo del empleo, son los aliados que por años hemos esperado para resolver problemáticas en temas como salud, carencias, hambre, infraestructura, pobreza, entre otros, si sabemos cómo legislar, educar y trabajar para ello.

Por un lado, tendremos empleos de mayor formación, creativos para los que las máquinas serán herramientas para mejorar las habilidades (piensen en un cirujano operando con un brazo robótico a distancia) y las personas dirijan y controlen los procesos desarrollados por éstas. Pero también empleos repetitivos de baja cualificación que las máquinas no puedan hacer o para los que ellas no sean buenas, como los trabajos de cuidados personales, peluquerías o repartidores tipo Uber, o de logística en grandes empresas como Amazon, Mercado Libre, etc.

A estos trabajos puede acceder todo el mundo, pero hoy en día están muy precarizados, en contraposición con aquellos trabajos de salarios muy altos en los que se requiere alta cualificación y sólo están al alcance de aquellos que puedan costearse esa formación. Por ello es importante que ya se comience a hablar de este futuro en México y los políticos lo atiendan ya, antes de aplastar más esa clase media que impulsa el círculo virtuoso del consumo.

Aquellos trabajadores de clase media expulsados por el sistema digital y de automatización con IA, 5G y Machine Learning sólo tendrán tres salidas: la mayoría acabará en empleos de baja formación y sólo los que tengan un nivel de estudios muy alto ocuparán puestos de dirección, de diseño o creativos. La tercera opción que algunos economistas empiezan a ver es dotar a cada ciudadano de una renta universal —que en México será muy complicado tener—, de modo que las necesidades básicas de aquellos que el sistema expulse queden cubiertas, sin lujos, pero servirá de cortafuego a posibles insurrecciones contra un sistema económico que distribuye desigualmente la riqueza.

Por eso siempre hay que ver hacia adelante y pensar al votar: ¿Cómo te gustaría que fuera el futuro?