El Sol de México Javier Orozco

El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) tiene, entre otras atribuciones, la regulación, promoción y supervisión de la prestación de los servicios de telecomunicaciones, enorme reto porque el Ejecutivo federal ha señalado que va por lograr la conectividad de internet en zonas y comunidades rurales a través de una empresa estatal, partiendo del hecho de que en México hay 74.3 millones de usuarios, que representan 65.8 por ciento de la población, por lo que faltarían conectar a 35 por ciento restante, y que sólo 40.6 por ciento de la población en zonas rurales está conectada, según datos del Inegi.

Vale la pena recapitular los retos que tiene el IFT al cierre de 2019 y principios de 2020: la economía nacional no está creciendo (está en desaceleración, de acuerdo con la Secretaría de Hacienda), y el sector telecomunicaciones, que históricamente tenía un crecimiento de dos dígitos, ahora alcanza un 4.5 por ciento anual, de acuerdo con la consultora The Competitive Intelligence Unit; a ver qué medidas se impulsan para mantener el crecimiento.

El órgano regulador tiene pendientes asuntos relevantes, como revisar el cumplimiento de las obligaciones asimétricas impuestas al agente preponderante de telecomunicaciones; verificar el cumplimiento de la condiciones de la fusión Disney-Fox; resolver solicitudes de refrendo en radiodifusión sonora que presentan algunos señalamientos en la oportunidad de la formulación de la solicitud y el pago de la contraprestación; la licitación de nuevas estaciones de radio sonora; facilitar mayor cantidad de espectro para servicios móviles 5G; procesar la decisión de la Suprema Corte en la impugnación sobre la prohibición del efecto club; la autorización para prestar servicios de la empresa estatal “CFE Telecomunicaciones e internet para todos”, y transparentar la situación sobre la asignación de concesiones sociales a agrupaciones religiosas, entre otros.

En febrero de 2020 concluirá el periodo de Gabriel Contreras Saldívar, tanto como comisionado como en la presidencia del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). Al interior del órgano regulador ya podría estarse viviendo un clima de sucesión, y probablemente algunos ya estén teniendo acercamientos con el Senado; lo anterior, aderezado con el señalamiento de que el nuevo régimen no se siente cómodo con los órganos autónomos, por lo que tanto en la designación de quien sustituya al comisionado Contreras como en la elección del nuevo presidente del IFT, se verá si la Cuarta Transformación (4T) buscará mayor control sobre el órgano autónomo u opta por regresar al modelo tradicional.

Es más que evidente la no aceptación del actual gobierno a los órganos constitucionales, que surgieron para sustituir tareas del propio gobierno, debido a la desconfianza y corrupción; hoy en día, este tipo de entes han proliferado exageradamente y han perdido su esencia, ya que al ser el Legislativo quien los designa, cada espacio es una cuota para los partidos políticos; bien dice la sabiduría popular: “La mujer del César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo”.

Por todo ello, el IFT debe sacar sus temas con certeza jurídica, transparencia y objetividad, pues ante los retos que tiene, la llamada 4T los tendrá en observación.

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