¿Red limpia con diplomacia sucia?

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El Economista Jorge Bravo

México firmó el T-MEC porque el gobierno de Estados Unidos abrió esa negociación. Ese tratado comercial es el primero concebido para impulsar el comercio digital en norteamérica y es modelo a seguir para otros países. El capítulo 18 del T-MEC está dedicado a las telecomunicaciones. El artículo 18.15 se refiere a la flexibilidad en la elección de tecnologías. Dice que “ninguna Parte impedirá a un proveedor de servicios públicos de telecomunicaciones elegir las tecnologías que éste desee usar para el suministro de sus servicios”.

Durante el evento México 5G (organizado por la Asociación Nacional de Telecomunicaciones y DPL Group), el embajador de Estados Unidos en México, Christopher Landau, declaró que “tenemos preocupación frente a la posibilidad de permitir que proveedores no confiables proporcionen software y presten sus servicios en estas futuras redes”.

No mencionó a algún fabricante o desarrollador de tecnología en específico, pero sí se refirió al programa Clean Network (Red Limpia), una política de gestión de riesgo en redes y servicios de telecomunicaciones del gobierno de Donald Trump, pero intervencionista porque atenta contra la soberanía digital y la libre elección tecnológica de los países y sus proveedores de servicios de telecomunicaciones.

El Secretario de Estado de la Unión Americana ha recorrido varios países para impulsar su iniciativa de Red Limpia y presionar a los países para que excluyan a proveedores chinos de equipos de telecomunicaciones por razones políticas. Lo ha hecho a través de una política y diplomacia sucias consistentes en no demostrar algún incidente de seguridad que efectivamente haya vulnerado las redes o comprometido la información de los países.

Varios de los países que se han sumado a la iniciativa de Red Limpia como Corea del Sur, Japón o Suecia, coinciden con naciones que tienen empresas competidoras que desarrollan tecnologías para la instalación de las futuras redes de quinta generación, que legítimamente quieren ganarse una cuota de mercado en el segmento de redes y software de telecomunicaciones.

Por el contrario, producto de fusiones, adquisiciones y de la libre competencia, desde hace varios años Estados Unidos se quedó sin un proveedor global de redes de telecomunicaciones fijas o inalámbricas, los cuales sí tienen presencia en Asia Pacífico y Europa.

A cambio de esa menor presencia en el mercado de fabricantes de infraestructura, Estados Unidos desarrolló empresas digitales y modelos de negocio innovadores que han aprovechado la red global de Internet, la economía digital, la riqueza que generan los datos y la confianza que gobiernos, empresas y usuarios han depositado en la red.

Clean Network busca intervenir esa cadena de suministro, rompe la neutralidad tecnológica, daña la confianza en la red, incrementa los costos en la implementación de las redes, en el tráfico de datos y le resta competitividad a los países previo a la evolución tecnológica hacia 5G.

Internet Society (que congrega a las más exitosas empresas del ciberespacio) declaró que “Estados Unidos, el país que financió el desarrollo inicial de Internet, está contemplando políticas que fracturarían la red global. Esto forma parte de una tendencia inquietante en la cual gobiernos interfieren Internet directamente con la intención de ganar rédito político a corto plazo, sin pensar en los daños a largo plazo derivados de ello (…). Que un gobierno dicte cómo deben interconectarse las redes siguiendo consideraciones políticas en lugar de técnicas contradice la idea básica de Internet.”

Clean Network se enmarca en la guerra tecnológica. Surgió del deseo de Estados Unidos de posicionar su liderazgo en 5G, intentar tomarle la delantera a China y la Unión Europea e imponer los modelos de negocio digitales e industriales que se desarrollarán en el futuro, pero mediante políticas que intervienen la soberanía digital, la autonomía operativa de las redes, la independencia regulatoria de los países y la vigilancia que éstos ejercen sobre los datos que circulan por Internet. El artículo 18.17 del T-MEC también estipula que “cada Parte asegurará que su organismo regulador de telecomunicaciones sea independiente”.

Cualquier prohibición de proveedores en la cadena de suministros para las redes de telecomunicaciones eleva los costos de inversión, despliegue e implementación de infraestructura de los operadores y la modernización tecnológica de los gobiernos. Es contraria a la libre competencia que tanto predica Estados Unidos cuando se trata de defender a sus empresas de medidas proteccionistas o impositivas, pero quiere que otros países prohíban y hasta retiren equipos de ciertos fabricantes.

La mayor velocidad y capacidad de 5G permitirá ventajas competitivas a todos los sectores industriales. Sus procesos productivos se automatizarán, economizarán costos y serán más eficientes. Sin importar su industria y modelos de negocio, las empresas estarán conectadas y serán de Internet, porque sus procesos productivos dependerán de la tecnología digital.

Pero para obtener esas ventajas competitivas se requieren cuantiosas inversiones para desplegar las redes de telecomunicaciones. El gobierno de Trump identificó que si interviene en el suministro de redes y eleva el costo de adquisición e implementación de la red, los países tardarán más en innovar y aprovechar los beneficios de 5G, tiempo suficiente para desarrollar los nuevos modelos de negocio desde Estados Unidos exportables al resto del mundo.

No es casualidad que la presión de Clean Network haya iniciado en Europa. Las empresas, industrias y manufacturas de países como Alemania, Francia e Italia saben que depende de la automatización que permitirán las redes 5G para volver a despegar y ser competitivas a nivel mundial. Tampoco es casualidad que esas naciones sigan resistiendo al programa de Red Limpia de Trump, porque comprenden sus implicaciones y saben que los costos que asumirán los operadores retrasará el desarrollo digital de esos y otros países.

Políticas anti soberanas como Clean Network confirman los resultados de encuestas recientes pre electorales como las de Pew Research, que señala que la imagen de EE.UU. se desploma a nivel internacional. Esta misma encuesta revela que 66% de las 13 naciones desarrolladas encuestadas opina que China es la principal potencia económica del mundo.

Otra encuesta de Pew Research dice que “la ciencia y la tecnología son el poder blando más popular de China y la mayoría de todos los países latinoamericanos tienen una visión positiva de estos atributos”, incluido México con 61%. Por eso no es extraño que lo primero que muestra el sitio de transición buildbackbetter.gov de Joe Biden sea la frase: “restaurar el liderazgo de Estados Unidos”.

*El autor es presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi).

Twitter: @beltmondi

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