República Dominicana | El boom de la fuga de desarrolladores de software dominicanos

160

Diario Libre Mariela Mejía

Comenzó a trabajar en la industria local de desarrollo de software a los 18 años, y a sus 23 pasó de ganar RD$70,000 a casi RD$300,000, y aún no tiene título universitario. Pero ese salario superior no se lo paga una empresa dominicana; se lo gana laborando hace seis meses para una compañía extranjera desde su apartamento en el Distrito Nacional.

El joven -que prefirió no ser identificado y se citará como Raúl- es parte de la fuga de técnicos dominicanos en el desarrollo de software que comenzó a tomar fuerza en 2019 y se aceleró en este 2021 por el auge del trabajo remoto a raíz del confinamiento impuesto por la pandemia del COVID-19.

Empresas, principalmente radicadas en los Estados Unidos, aprovechan una mano de obra calificada y más barata, así como una conveniencia de zona horaria, para contratar dominicanos de forma remota –en su mayoría jóvenes–, quienes se benefician de pagos de entre 3,500 hasta 8,000 dólares al mes, una divisa que actualmente está a 57 pesos por un dólar.

Sin embargo, el fenómeno tiene un impacto en el mercado local que, aunque los prepara para ser aprobados en el extranjero, no puede competir con los altos salarios en dólares que, por demás, no tributan al Estado dominicano. Las empresas criollas además se enfrentan a una alta rotación de personal que incide en sus proyectos en curso.

“Se le ha ido gente a todo el mundo”, reporta Mario Lora, presidente del Clúster de Software de la República Dominicana. “A todo el mundo”, insiste.“Lo que hacen muchos es que consiguen dos trabajos, o sea, se quedan con uno de 6,000 dólares, consiguen otro de 4,000 dólares, y ganan 10,000”PaulaGerente de empresa de software“

La aspiración de trabajar con una empresa extranjera, en especial estadounidense, es una de las razones que cita Raúl para la fuga de cerebros. “Porque se sabe que el mercado es más costoso, te pagan mejor y trabajas con tecnología mucho más atractiva”, dice el joven, a quien le ha tocado colaborar en proyectos informáticos para el sector de transporte de carga privada en Estados Unidos.

Solo una empresa con sede en ese país contrató en el último año a 90 jóvenes dominicanos en modalidad remoto y, de estos, no menos de cinco trabajaban en la empresa de desarrollo de software que Stalin Rivas administra como gerente general.

A pesar de que su compañía, Wepsys, mantiene una política de motivación a sus colaboradores, con flexibilidad laboral y capacitaciones, esto no evitó que la nómina de 50 empleados tenga muchos nombres que entraron a sustituir a otros 20 que estaban hace dos años, de los que al menos 15 migraron al trabajo remoto con empresas extranjeras.

En el último mes se fueron tres de seis desarrolladores de un mismo proyecto que se debe entregar el próximo marzo.

“Lo pudimos lograr (el control de la rotación de personal) hasta el 2019; de ahí para acá eso ha sido un desastre, por así decirlo, porque no estamos acostumbrados a esa alta rotación, y eso nos impacta en los compromisos que tenemos con los clientes”, dice Rivas.

Una fuga también local

La industria dominicana de desarrollo de software ofrece servicios de programas estándar y a la medida, outsourcing y consultoría informática. Sus tres principales mercados son los sectores público y bancario, y manejo de recursos e inventarios, reporta el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes.

Cuando la mayoría de los trabajadores formales en el país gana, en promedio, entre RD$10,000 y RD$30,000, los desarrolladores y diseñadores de software y de sistemas de información devengan un salario bruto promedio mensual de RD$80,000, según determinó el Gobierno con la encuesta: Demanda de Recursos Humanos en la Tecnología de la Información y la Comunicación y Cooperación Empresarial Universitaria en la República Dominicana 2019, en la que participaron 250 empresas.

Para ese levantamiento, se identificaron al menos 608 desarrolladores y diseñadores de software y de sistemas de información en las compañías encuestadas. Y de estas ramas correspondía el 76.8 % de los puestos vacantes en telecomunicaciones.

En un análisis del Ministerio de Educación Superior se destaca que las empresas locales se ven forzadas a tener que adquirir software desarrollado por empresas extranjeras, debido a que la demanda de software de calidad local es muy grande, y las empresas de desarrollo en el país no dan abasto con el bajo número de desarrolladores con el que cuentan.

Debido a ese déficit, Lora, del Clúster de Software, aboga por que la programación informática se incentive desde la escuela.

El clúster tiene unas 25 compañías en su membresía, y en otros tiempos llegó a tener hasta 40. Una de las empresas tiene 400 empleados, pero el promedio general es entre 15-30 trabajadores.

Ese mercado local también registra su tipo de fuga de cerebros: de una empresa a otra. De hecho, para protegerse, los miembros del clúster acordaron no quitarse los recursos humanos entre ellos.

Hace ocho meses Oliver Corsino, de 27 años, dejó su posición de líder de equipo en una compañía local para ejercer el mismo puesto en otra local, pero ganando el doble, en modalidad remoto, y trabajando para clientes extranjeros.

Aunque le faltan dos años para terminar la universidad, su currículum experimentado le ayudó a recibir ofertas locales y extranjeras. De hecho, le han llegado dos foráneas estando en su nuevo trabajo. Una de estas incluye un bono para cubrir gastos de internet y energía eléctrica.

“En el mundo de la informática, tú no dependes necesariamente de una oficina”, dice Corsino desde la habitación que habilitó como lugar de trabajo en su hogar. Esta modalidad de empleo es una de las razones principales por las que cambió de empleador. “Hay mucha gente que está renuente a volver a trabajar en las oficinas (…), y hay otros que no quieren volver todos los días, sino en un formato híbrido”.

Corsino entiende que el mercado local tiene que abrirse a incluir beneficios a los empleados más allá del salario. “No siempre es el salario (lo importante); a veces tu buscas un crecimiento dentro de la empresa, que tampoco te lo brindan”, dice.

Esto lo reconoce el presidente del Clúster de Software, quien, además del atractivo del salario, también cita la facilidad del empleado para administrar su propio tiempo para trabajar y ajustarlo a resultados, y que no les retienen seguridad social e impuestos.

“Es un tipo de trabajo informal para el Estado dominicano”, observa.

El clúster tiene unas 25 compañías en su membresía, y en otros tiempos llegó a tener hasta 40. Una de las empresas tiene 400 empleados, pero el promedio general es entre 15-30 trabajadores.

Ese mercado local también registra su tipo de fuga de cerebros: de una empresa a otra. De hecho, para protegerse, los miembros del clúster acordaron no quitarse los recursos humanos entre ellos.

Hace ocho meses Oliver Corsino, de 27 años, dejó su posición de líder de equipo en una compañía local para ejercer el mismo puesto en otra local, pero ganando el doble, en modalidad remoto, y trabajando para clientes extranjeros.

Aunque le faltan dos años para terminar la universidad, su currículum experimentado le ayudó a recibir ofertas locales y extranjeras. De hecho, le han llegado dos foráneas estando en su nuevo trabajo. Una de estas incluye un bono para cubrir gastos de internet y energía eléctrica.

“En el mundo de la informática, tú no dependes necesariamente de una oficina”, dice Corsino desde la habitación que habilitó como lugar de trabajo en su hogar. Esta modalidad de empleo es una de las razones principales por las que cambió de empleador. “Hay mucha gente que está renuente a volver a trabajar en las oficinas (…), y hay otros que no quieren volver todos los días, sino en un formato híbrido”.

Corsino entiende que el mercado local tiene que abrirse a incluir beneficios a los empleados más allá del salario. “No siempre es el salario (lo importante); a veces tu buscas un crecimiento dentro de la empresa, que tampoco te lo brindan”, dice.

Esto lo reconoce el presidente del Clúster de Software, quien, además del atractivo del salario, también cita la facilidad del empleado para administrar su propio tiempo para trabajar y ajustarlo a resultados, y que no les retienen seguridad social e impuestos.

“Es un tipo de trabajo informal para el Estado dominicano”, observa.

“Estamos pagando el resultado de ser exitosos”, asegura Lora con aire de satisfacción al referirse al país en general. “Primero, el programa de inmersión de inglés; número dos: aquí hay talento (…) Con lo que hacen las universidades y lo que hacemos las empresas pequeñas, a los dos años tenemos gente buena (en desarrollo de software)”.

Pero no está igual de satisfecha la gerente de otra empresa dominicana de desarrollo de software que prefirió no ser identificada y que para este reportaje se citará como Paula.

Su empresa -de 75 empleados- ha tenido una rotación de personal superior al 55 % en este 2021, debido al impacto del trabajo remoto. Y en casos excepcionales, ha forzado las finanzas de la compañía para aumentarle el salario a colaboradores para retenerlos.

Además, la empresa perdió RD$2 millones que devolvió el año pasado a un cliente que se dio cuenta de que uno de los desarrolladores subcontratados trabajaba para otro negocio de los Estados Unidos en el mismo horario laboral pactado, y su rendimiento bajó.

También, en 2019, cuando el boom comenzaba, uno de los empleados de Paula, que ganaba RD$175,000 como desarrollador de software senior, presentó su renuncia para cambiar a un trabajo remoto por el que le ofrecían US$6,000 (RD$342,000) en la misma posición.

“Lo que hacen muchos es que consiguen dos trabajos, o sea, se quedan con uno de 6,000 dólares, consiguen otro de 4,000 dólares, y ganan 10,000”, explica Paula.

Pero también tuvo casos de empleados que ganaban RD$110,000 y optaron por migrar a un trabajo remoto de US$3,500 (unos RD$199,500) “porque les quedan limpio”, es decir, no se les descuenta seguridad social ni impuesto sobre la renta al ser transferidos desde el exterior a una cuenta bancaria o vía remesas.

Paula no está en contra de que los desarrolladores locales aprovechen las oportunidades laborales. “La problemática está en que es injusta la competencia”, dice. “Y si a eso le sumas un Código Laboral que está completamente del lado del empleado, dices: ¿y qué es?, porque tienes que sumarle el riesgo laboral y una serie de cosas que esas empresas que están fuera no las tienen”.

Un empleado que devengue un salario base de RD$70,000, en realidad le cuesta a su empleador dominicano RD$81,543, debido a los porcentajes que debe aportar su patrono para su fondo de pensiones, seguros familiar de salud y de riesgo laboral, y al Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep). Si gana RD$150,000, su costo real es de RD$174,735.

Los US$4,800 que Raúl recibe al mes de su empleador extranjero se lo depositan por transferencia bancaria. Él calcula que le descuentan menos del 1 % de ese monto por la transacción. Su salario, aunque es alto en la República Dominicana, es la mitad de lo que se ganaría una persona que comience en la industria del desarrollo de software en los Estados Unidos. Él se encarga de pagar su propio seguro médico.

Aunque no es su caso, Raúl indica que hay empresas que, además del salario, le transfieren dinero al empleado remoto para gastos de alimentación, internet, energía eléctrica y compra de computadoras. A él le hicieron una especie de préstamo de unos US$2,000 para comprar su ordenador y le pagan clases de capacitación virtual. Ya está en conversaciones para conseguir otro trabajo remoto por el que cobraría hasta US$6,000.

¿Una burbuja?

Paula cree que la tendencia de la fuga de cerebros no se detendrá, pero el gerente Stalin Rivas la ve como algo circunstancial.

“Es una especie de burbuja porque, en algún momento, esas empresas (extranjeras) que están pagando unos salarios que para nosotros son altos, pero para ellos son normales, se van a percatar de que pueden tener esos niveles de técnicos con un menor costo”, dice Rivas.

“Algo que también hemos notado es que la calidad técnica de todos no es similar y a todos se les paga un salario muy similar”, agrega.“Tenemos que prever ese horizonte de las nuevas realidades de interacción laboral”Luis Miguel De CampsMinistro de Trabajo“

Los ejecutivos empresariales que entrevistó Diario Libre coinciden en que las compañías locales de desarrollo de software tienen que reinventarse para ir con la corriente, quizás abriendo nuevas líneas de negocios, haciendo ajustes salariales competitivos e incluyendo el trabajo remoto como opción permanente.

“Nadie tiene que limitar a nadie, somos nosotros que nos tenemos que poner lo suficientemente creativos”, dice Lora sentado en un salón de reuniones de su empresa IB Systems, que está casi vacía tras optar por el trabajo remoto para ir con la ola.

De las salidas que se implementan en Wepsys está asociarse con la empresa que ha contratado a 90 desarrolladores dominicanos para servirle como soporte o intermediaria. Además, hacer ajustes salariales y distribuir mejor las cargas laborales por roles. Y se fijó el trabajo remoto como opción flexible.“Hay mucha gente que está renuente a volver a trabajar en las oficinas (…), y hay otros que no quieren volver todos los días, sino en un formato híbrido”Oliver CorsinoDesarrollador de software“

El Clúster de Software de la República Dominicana y los demás ejecutivos entrevistados consideran que el Gobierno también debería regular este tipo de fugas de cerebros en modalidad remoto, aunque no tienen una propuesta concreta de cómo hacerlo. Al menos entienden que debería ir por el aporte de impuestos provenientes de las transferencias salariales desde el extranjero.

Eduardo Álvarez, vicepresidente del clúster, aboga por que el Estado también dé más apoyo e incentivos a la industria del software local para que esta pueda ofrecer salarios y beneficios más competitivos.

El ministro de Trabajo, Luis Miguel De Camps, dijo recientemente a Diario Libre que debería existir una regulación internacional laboral para aquellos que trabajan remoto para empleadores extranjeros. Entiende que el tema debe incluirse en las discusiones que se realizan en el país sobre la modificación al Código de Trabajo.

“Tenemos que prever ese horizonte de las nuevas realidades de interacción laboral”, apuntó.

Mientras, Rivas tiene una preocupación extra: “Me preocupa que mañana, en vez de yo contratar personal para colocarlo en esas empresas, intente también buscar clientes en los Estados Unidos, producto de la globalización, y descuidemos el mercado local, y no exista una empresa de software buena que atienda el mercado local, y para poder vender desarrollo en República Dominicana tenga que pagarse al mismo precio que se paga en los Estados Unidos”.

Años atrás, el desarrollo de software estaba como puntero en la lista de empleos del futuro. “Ese futuro llegó, y realmente la República Dominicana, a nivel de pago salarial, no puede competir con eso”, dice el joven Raúl.

“Conozco muchas empresas que tienen la intención de poder pagarte todo el dinero del mundo y un chin más, pero no tienen, quizás, la capacidad”, concluye.