Columna Ana de Saracho O Brien

No dejo de pensar en las palabras que pronunció José María Álvarez Pallete, presidente de Grupo Telefónica cuando presentó el nuevo “Pacto Digital de Grupo Telefónica para reconstruir mejor nuestras sociedades y economías”, elaborado como respuesta a los datos y hechos que salieron a la luz como consecuencia del confinamiento vivido durante la pandemia de Covid-19 en España y en Europa.

En unas semanas de confinamiento hemos avanzado lo que hubiéramos avanzado en un lustro en condiciones de normalidad…” y esto, sin duda, ha supuesto de hecho que la vida se traspase del espacio físico al mundo digital. Hoy las redes de telecomunicaciones no sólo transmiten datos -entendidos como bits y bytes- sino que transmiten sentimientos, emociones, motivos, opiniones, palabras de aliento, sorpresas, información valiosa, consejos de salud, rutinas de ejercicio, reuniones de trabajo y contenidos educativos, entre otros. Lo anterior ha permitido a una gran parte de la población, continuar con su vida cotidiana: padres que trabajan a distancia utilizando herramientas de videoconferencia o de comercio electrónico, familias que se mantienen unidas en el confinamiento a través de redes sociales, llamadas de voz, videoconferencias y servicios de mensajería, así como niños y jóvenes que han podido continuar sus estudios a través de plataformas educativas disponibles.

Pero no para todos ha sido miel sobre hojuelas, mucho menos en un país como el nuestro en el que el confinamiento ha puesto al descubierto súbitamente la desigualdad digital existente, aún en lugares en los que existe conectividad. Si, así es; no se trata sólo de apuntar a los que no tienen acceso a internet, sino también a los que, teniéndolo, no cuentan con los dispositivos necesarios y/o no están capacitados para utilizar en su beneficio las herramientas tecnológicas que hoy día están disponibles.

Así, en medio de semáforos sanitarios rojos y naranjas y con una mayoría de población infantil sin herramientas y habilidades digitales, el Gobierno Federal tuvo que idear la manera de continuar llevando educación a distancia a la mayor parte del territorio, buscando la colaboración del sector privado de radiodifusión a través del programa “Aprende en Casa II”.

Para quien no lo sabe, las frecuencias del espectro radioeléctrico que se utilizan para brindar servicios de televisión digital terrestre se encuentran por debajo de los 600 MHz, lo que hace que su señal tenga un alto nivel de propagación y abarque una mayor zona de cobertura con una inversión mucho menor a la que tendrían que realizar proveedores de servicios de telecomunicaciones para cubrir la misma área. En este sentido y sólo como ejemplo, las televisoras pueden radiar el Valle de México instalando una sola antena radiodifusora en el Cerro del Chiquihuite y cualquier persona que estuviera en su huella de cobertura y sintonizara a través de su televisor el canal correspondiente, podría captar dicha señal, mientras que una red de servicios móviles, para brindar cobertura en la misma área geográfica, requeriría alrededor de 1,000 sitios estratégicamente dispuestos.

Mejor aún, con la tecnología digital existente, los canales de televisión abierta pueden ser objeto de multiplexación (regulatoriamente conocida como “multiprogramación”), lo que en términos coloquiales significa que el rango de frecuencias provisto al concesionario puede dividirse en pequeños canales que permiten la transmisión simultánea de varios contenidos distintos. Para eso, el canal se divide en decimales, es decir, el canal 7 principal, tiene además un canal 7.3 y otro 7.5 como ejemplo.

Con estas premisas, el Gobierno Federal buscó la colaboración de Televisa, TV Azteca y Grupo Imagen -para utilizar sus canales multiplexados- para que junto con el Canal 11 y otros medios públicos de difusión, difundieran los programas diarios realizados por la SEP con los contenidos educativos para todos los grados de primaria, secundaria y bachillerato, a fin de evitar así un mayor rezago educativo en el país. Esto como medida de acompañamiento a las lecciones contenidas en los libros de texto gratuitos que se dieron a la tarea de repartir a nivel nacional.

Sin duda, el esfuerzo ha sido loable, tomando en cuenta el nivel de desigualdad digital existente y la inmediatez con la que se requería de una solución, tanto por ocupar redes de radiodifusión que sin duda cuentan hoy en día con mayor cobertura que la de las redes de telecomunicaciones, como por haber logrado un acuerdo voluntario que denota colaboración y solidaridad entre gobierno e iniciativa privada en favor de México.

De igual forma, al analizar desde la demanda confirmo, que dicha solución sin duda resultaba ser la más eficiente dadas las circunstancias, sobre todo si tomamos en cuenta el último dato provisto por la ENDUTIH realizada en 2019, que nos arrojó un resultado respecto a que el 92.5% de los hogares del país cuentan al menos con una televisión.

Sin embargo, existen diversos factores que no pueden ser atendidos por esta solución y que haría, por tanto, inviable su continuidad en el tiempo. En primer lugar, la necesidad que tienen los niños, sobre todo en los primeros años, de tener una educación acompañada, lo cual es imposible al estar utilizando un servicio unidireccional (servicio de radiodifusión); en segundo lugar y no menos importante, la cantidad de niños que podrían estarse perdiendo de dicha solución por la imposibilidad de muchos padres trabajadores de permanecer con sus hijos en casa (donde se encuentra el televisor) o dejarlos a cargo de algún familiar para atender las clases a distancia.

En este sentido, hemos visto también maestros que con una vocación y actitud inigualable han decidido salir a las calles a apoyar a sus alumnos, aunque sea desde lejos y utilizando un megáfono. Maestros que han tomado el reto de utilizar sistemas de videoconferencia para continuar cerca de sus alumnos mediante dinámicas distintas para no perder su atención, maestros que se merecen toda nuestra admiración por el nivel de adaptación y resiliencia que han mostrado ante las circunstancias actuales.

En un país como México y luego de la incuestionable Desigualdad Digital, sobre todo en educación, que se ha hecho manifiesto a partir del confinamiento para una parte importante de la población, es una obligación de todos, proponer políticas públicas que incentiven y promuevan la expansión de las redes de telecomunicaciones, así como que se flexibilicen los esquemas regulatorios actuales a fin de que a través de nuevos esquemas de compartición de infraestructura y espectro se pueda incrementar significativamente la cifra de hogares con conexión a internet que registra la propia ENDUTIH 2019 (56.4%). No cabe duda, que solo así y a través de la capacitación permanente del uso de herramientas digitales tanto para maestros como para el alumnado, la educación a distancia a través de plataformas digitales, podría ser una solución permanente para combatir el rezago social y económico existente.

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