El Economista – Tomás Díaz

Siemens está convirtiendo la ciudad austriaca de Seedstadt Aspern, en las afueras de Viena, en inteligente -smart city en inglés- con un proyecto de 10 años que arrancó en 2013 y que le exige una inversión de 45 millones de euros. La gestión de la energía, el aumento de la eficiencia y el ahorro, y la movilidad autónoma centran los trabajos de la multinacional alemana.

La mayoría de la inversión se destina al despliegue de una red eléctrica inteligente y al centro de control que permite su gestión con un software propio en un entorno complejo, con abundantes sistemas solares fotovoltaicos y baterías. Siemens Mobility -la filial de la firma que ejecuta el proyecto- trabaja con las autoridades locales, la empresa distribuidora local y otras firmas, como Wien Energy o Wiener Netze.

Con la infraestructura desplegada, Siemens Mobility está recibiendo alrededor de 1,5 millones de datos diarios de la red eléctrica, los edificios y los propios residentes. Ya tiene aplicaciones para la operación de los sistemas locales de microgeneración, el mantenimiento de los edificios y la gestión de la infraestructura de recarga de los vehículos eléctricos, al objeto de desplegar una movilidad inteligente.

Participación vecinal

Los 20.000 habitantes de la población son parte activa de la iniciativa: opinan y plantean demandas para mejorar su calidad de vida gracias a la tecnología. De hecho, la empresa ha lanzado ya alrededor de 70 consultas a los vecinos, con un grado de participación notable del que se siente orgullosa.

Cruzando los datos operativos y las demandas de los vecinos, Siemens Mobility ha lanzado 15 iniciativas concretas -desde un microbús autónomo hasta modelos de gestión energética de los edificios, con apps para teléfonos móviles- que se han convertido en 30 inventos para cuya materialización ha registrado 11 patentes.

Para los años venideros, la compañía quiere aumentar la eficiencia de la interrelación entre la red, los edificios, la demanda energética y el mercado eléctrico, profundizar en el uso de los residuos urbanos para producir calor y refrigeración, así como ahondar en la gestión de los vehículos eléctricos y las baterías para aumentar la capacidad de almacenamiento de energía.

Un microbús autónomo, pero vigilado

Por las calles de Seesdstadt Aspern circula en pruebas un microbús autónomo -operará regularmente en junio- cuyo recorrido está jalonado de cámaras y sensores que le permiten detectar semáforos, señales, vehículos, peatones y cualquier otro elemento con el que deba interactuar. Los datos llegan a un centro de control de tráfico que lo vigila para evitar incidentes.

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