Silicon Valley se ha caracterizado por ser la incubadora principal del talento internacional. Recientemente, un grupo de los científicos de computación cuántica más conocidos de Gran Bretaña se mudó silenciosamente a Silicon Valley para fundar una startup llamada PsiQ.

El atractivo que tiene formar parte de esta región de California es la abundancia de capital de riesgo que da seguridad a los emprendedores.

No es la primera vez que las empresas tecnológicas más inteligentes y prometedoras de Europa se han visto atrapadas por los gigantes de Silicon Valley y Seattle. DeepMind (especialista en Inteligencia Artificial) de Gran Bretaña, Moodstocks de Francia (un desarrollador de aprendizaje automático para el reconocimiento de imágenes) y Fayteq de Alemania (editor de videos) fueron comprados por Google de Alphabet.

Fuga de cerebros

Con cada una de estas ventas, Europa pierde terreno en la carrera mundial por el talento. Las empresas estadounidenses compraron unas 562 nuevas empresas europeas entre 2012 y 2016, es decir, un 44 por ciento del total, según la firma consultiva Mind the Bridge.

De acuerdo con Lionel Laurent, de Bloomberg, la principal preocupación acerca de esta fuga de cerebros no es el orgullo nacional o el ondear banderas, se trata de quién controla los enormes conjuntos de datos políticamente sensibles en los que se basa la Inteligencia Artificial.

La adquisición de DeepMind por parte de Google es un gran ejemplo. Mientras que la startup dijo que defendería su autonomía y se apegaría a sus principios éticos después de ser adquirida, la promesa no sobrevivió a su encuentro con la realidad.

La reputación de DeepMind se hundió seriamente cuando se descubrió que su asociación con el Servicio Nacional de Salud de Gran Bretaña había infringido la ley de privacidad de datos en 2017.

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