Soberanía tecnológica y política digital

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Reforma Jorge F. Negrete P.

¿Existe una frontera entre la política de ciencia y tecnología y la política digital? No. Las materias de la ciencia y la tecnología dejaron de ser las mismas de siempre para incorporar Inteligencia Artificial, ciencia de datos, telecomunicaciones y cómputo avanzado.

El diseño institucional revela la visión digital de los gobiernos. Asia fusiona la política de ciencia y tecnología con las telecomunicaciones en China, Corea y Japón. Brasil cuenta con Ministerio de Ciencia y Tecnología, pero también de Comunicaciones. Colombia, Ecuador y Paraguay tienen Ministerio TIC, Argentina una Secretaría de Innovación. Hace 35 años titulé mi tesis profesional “El marco jurídico administrativo de la política científica y tecnológica del Estado” y poco, muy poco queda de la forma de concebir el mundo de la gestión tecnológica de aquella época y nada tiene que ver con la geopolítica tecnológica de las potencias económicas, hoy.

La innovación digital integró a las telecomunicaciones, el derecho informático, la propiedad intelectual, la protección de datos, el derecho de la competencia, junto a la política de ciencia y tecnología. Esta última se debate en dos territorios: la inversión, el pragmatismo del mercado, y el poder y la ideología.

La “soberanía tecnológica” es un concepto basado en la capacidad para decidir qué tipo de investigación, tecnologías, conocimientos e innovaciones son los más pertinentes para el bienestar de la población. Se declara el empoderamiento popular y la búsqueda de la autosuficiencia tecnológica. La otra posición domina al mundo. La alta investigación integrada al mercado y sus eficiencias en los mercados globales y una estratégica interdependencia de cadenas productivas. Me refiero al mundo digital y el debate EU y China.

“Hecho en China 2025” es la apuesta por mantener un crecimiento basado en la innovación, la Inteligencia Artificial y las TIC. China gradúa cada año 5 veces más estudiantes STEM (ciencias, tecnológicas, ingenierías y matemáticas) que EU. En 2015, el gasto en investigación, desarrollo e innovación (I+D+I) superó al de la Unión Europea. El gasto de China en investigación y desarrollo representa 21% del gasto mundial. 950 mil empresas tienen negocios relacionados con la Inteligencia Artificial, procesamiento de datos y computación en la nube. Se calcula que el tamaño del mercado de software y aplicaciones de IA de China alcanzará 12 mil 750 millones de dólares en 2024. El Presidente Xi Jinping ha dicho que “China invertirá más en ciencia y tecnología habilitando sistemas para la innovación como una prioridad”.

A pesar de esto, EU tiene a las cinco empresas más poderosas de tecnología del planeta y domina el territorio del cómputo y los microprocesadores. China solo produce 16% de sus semiconductores. Joe Biden busca repensar la relación con China y su modelo de desarrollo tecnológico. Por eso envió una carta al Instituto Broad del MIT y Harvard, donde planteó preguntas y reflexiones: “¿Cómo puede Estados Unidos garantizar ser líder mundial en tecnologías e industrias del futuro que sean fundamentales para nuestra prosperidad económica y seguridad nacional, especialmente en competencia con China?” “Otros países, especialmente China, hacen inversiones sin precedentes” en “campos que definirán la economía del mañana”.

La desconfianza genera incertidumbre, destruye cadenas productivas, mercados saludables, acuerdos comerciales y facilita el nacimiento de la ideología.

La soberanía tecnológica es peligrosa porque es el triunfo de la política local sobre la cooperación multilateral y el bienestar tecnológico.

Ambos líderes buscan encontrarse, pretenden comprensión recíproca, reconocen sus limitaciones y la propiedad de su desconfianza. Uno, mirando al futuro que lo definió en su nacimiento, el otro, afianzado en su historia milenaria. Los dos, en una encrucijada civilizatoria.

Presidente de Digital Policy & Law

Twitter: @fernegretep

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