Tecnología, pandemia y regulacion

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Si las empresas y los gobiernos empiezan a recopilar datos biométricos en masa, pueden llegar a conocernos mucho mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos, y entonces no sólo serán capaces de predecir nuestros sentimientos sino también manipularlos y vendernos lo que quieran, ya sea un producto o un político…

Yuval Harari[1]

Las crisis son una gran oportunidad para la creatividad. Creo que esta vez no será la excepción, más aún si ya está claro que su impacto en la economía puede ser incluso mayor que el de la Gran Depresión de 1929.

Ya se han escrito miles o millones de artículos acerca de las medidas que se deben tomar para minimizar los impactos de la pandemia y, como es el “new normal” en nuestra sociedad, siempre encontramos extremos, aquellos que creen que es más importante la economía y, por lo tanto, no se pueden cerrar las ciudades, y otros que creen que lo más importante es la vida y, por lo tanto, la economía puede esperar.

¿Quién tendrá la razón? No me atrevo a pronosticarlo, pero a lo que sí me atrevo es a afirmar que si bien muchos gobernantes están comprometidos con hacer lo mejor posible para la sociedad, otros están pensando en cómo aprovechar estos momentos para salir beneficiados, y es aquí donde el texto de Yuval Harari cobra especial relevancia, especialmente cuando hace referencia al uso que se le puede dar a la tecnología como herramienta para luchar contra la pandemia. Pero también nos alerta acerca de los efectos que puede tener en el largo plazo el uso de los teléfonos móviles y las cámaras de video-vigilancia (por nombrar solo dos tecnologías)  para hacerle seguimiento a la población.

En este sentido, y seguramente con la mejor de las intenciones, los países han tenido que tomar decisiones que modifican temporalmente la regulación de las telecomunicaciones, como es -por ejemplo- la flexibilización de las reglas de gestión de tráfico para garantizar la continuidad del servicio, el uso de la geolocalización y datos biométricos para hacerle seguimiento a los infectados, entre otros.

Es claro que en tiempos de crisis los gobiernos tienen las facultades legales para tomar este tipo de medidas, y está perfectamente justificado pues siempre primará el interés general sobre el particular. Sin embargo, dado el riesgo que implica este tipo de medidas en términos de libertades, privacidad y seguridad, es necesario que la sociedad, en especial los responsables de la política pública y la regulación, aprovechen este momento de crisis y los grandes volúmenes de información que se están produciendo para despertar la creatividad aprovechando tecnologías como Big Data y la Inteligencia Artificial, de tal manera que basados en el conocimiento adquirido puedan tomar mejores decisiones.

En este punto vale la pena mencionar uno de los principios que rige las metodologías ágiles de proyectos, como el Scrum, Kanban o Extreme Programing, donde con diferentes aproximaciones se hace referencia al Producto Mínimo Viable (PMV) y sus características básicas que se pueden resumir en agilidad, rapidez en el desarrollo y rápida respuesta a las exigencias de los clientes.

Para el logro del PMV se necesita adelantar “testeos” en campo que no requieren que el producto esté 100 por ciento terminado, de hecho, no debe estarlo, para que durante el proceso se puedan ir haciendo los cambios necesarios. El principal objetivo en esta etapa del proceso es poder recopilar tanta información como sea posible para lograr sacar, en el menor tiempo posible, un producto que solucione las necesidades (consientes o inconscientes) de sus clientes actuales y/o potenciales.

Si aplicamos estos conceptos básicos en estos momentos, encontramos que no ha existido ni existirá una mejor oportunidad como la actual para recopilar “toneladas” de información de utilidad para la formulación de políticas públicas y regulación del sector de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones. Veamos algunos ejemplos:

Despliegue de Infraestructura. El desarrollo de infraestructura como la instalación de torres y radios, así como su ágil mantenimiento, son fundamentales para soportar el incremento del teletrabajo, el e-commerce, la educación virtual y en general todas las actividades virtuales. Por lo tanto, los gobiernos han tenido que recurrir al principio de esencialidad  del servicio para “relajar” algunas normas, en especial aquellas relacionadas con la expedición de permisos temporales de uso de espectro (caso FCC en Estados Unidos) u otras más locales como las relacionadas con la instalación y mantenimiento de torres en los municipios donde, históricamente, se han identificado unas de las principales barreras para el despliegue. Ahora algunos alcaldes e intendentes que se han resistido a facilitar la instalación de infraestructura entienden, gracias a la crisis, que las telecomunicaciones son vitales para la población. Por lo tanto, es de esperarse que de cara al futuro tanto los gobiernos nacionales como los locales estén dispuestos a revisar las reglas relacionadas con esta materia.

Cloud Computing y virtualidad. La sobrecarga en el tráfico de Internet del que tanto se ha hablado es la consecuencia del incremento del intercambio virtual, las videoconferencias, el trabajo colaborativo, la compartición de documentos, el e-commerce, la telesalud, el desarrollo de aplicaciones y software, el consumo de video por demanda, etcétera, lo cual es buena noticia para la industria Cloud. A su vez, es un gran reto en términos de desempeño, respuesta, seguridad y privacidad. Ejemplo de este hecho son las preocupaciones que han acompañado a la plataforma Zoom o el incremento del phishing aprovechando el coronavirus.

Estos retos han obligado a las compañías que ofrecen estos servicios a incrementar sus esfuerzos y a desarrollar nuevas facilidades y aplicaciones. Por lo tanto, los reguladores también deberían estar trabajando en este frente para identificar riesgos, monitorear las respuestas a los ataques y compartir datos con las empresas privadas para descubrir nuevas vulnerabilidades, riesgos para la privacidad y la seguridad, y poderlos contrastar con los marcos legales vigentes que, en mi opinión, deberán ser revaluados pasada la crisis. Adicionalmente, contar con una gran cantidad de información y compartirla con distintos grupos de interés podrá servir como potencial inhibidor a intereses distintos al bien común.

En este sentido, todos los temores relacionados con el uso de servicios Cloud, como es la supuesta pérdida de control de los datos, están siendo puestos a prueba. Por lo tanto, pasada la crisis, y con base en la información que se pueda recopilar, tendremos suficientes argumentos para confirmar si tales temores son reales y, de serlos, nos permitirán tomar las medidas correctivas necesarias.

Políticas públicas de acceso y apropiación de las TIC. No es necesario insistir en la relevancia que tienen en este momento las TIC, tanto para soportar la actividad económica, en especial en aquellas industrias que han entendido que la transformación digital impacta a todos los sectores sin excepción, como para nuestro día a día. Sin embargo, la pandemia también ha exacerbado la brecha digital, que no es otra cosa que el reflejo de la situación socioeconómica de nuestra región.

Seguramente, la vida en confinamiento es más sencilla en los hogares que cuentan con una conexión a Internet. Los estudiantes podrán continuar con sus programas escolares (si la escuela cuenta con las herramientas para ello), los padres podrán seguir haciendo teletrabajo y hacer pedidos en línea y en momentos de ocio podremos ver una película en familia, ojalá en 4K.

Si hasta diciembre de 2019 era claro para los que trabajamos en este sector que el foco de la política pública debe ser la conectividad y la apropiación, en abril de 2020 podría asegurar que no hay gobierno (en todos los niveles) que tenga duda respecto de la relevancia de las TIC. Se están dando cuenta “en carne propia” de la gravedad que implica tener 40 por ciento o más de desconectados, como es la realidad de buena parte de nuestra región.

Ahora las discusiones en torno a mercados relevantes, preponderancia, dominancia, competencia, intervención de precios, cargos de acceso, etcétera, están siendo reemplazadas por gestión de tráfico, velocidad, banda ancha, continuidad del servicio, conectividad, educación virtual y comercio electrónico, lo cual, en mi opinión, es la mejor oportunidad que tenemos para actualizar nuestras aburridas discusiones regulatorias por otras que tengan un impacto directo en la disminución de la brecha digital y el desarrollo de la economía digital, aprovechando que el sector es el protagonista (superado obviamente por temas de salud pública) y está presente en todas las discusiones.

Lo anterior no significa que debemos abandonar los temas de competencia. Incluso creo que los principales ganadores de toda esta crisis van a ser seguramente las grandes empresas globales que controlan el sector TIC, contrario a las pequeñas compañías que en el mejor de los casos tienen caja para un par de meses. Sin embargo, de todo este proceso saldrán grandes lecciones para el diseño de políticas públicas y regulación que no podemos desaprovechar y que seguramente nos permitirán mejorar nuestros marcos legales, en especial desarrollar agendas digitales y así lograr crecer como región.

Solo son tres ejemplos dentro de cientos de posibles impactos, pero creo que son suficientes para demostrar que estamos en un cambio de era que debemos aprovechar como sociedad, donde a pesar de los grandes riesgos que implica el uso de las TIC y la toma de decisiones sin el tiempo suficiente para hacer los análisis de impacto regulatorio necesarios, el poner en marcha acciones en tiempo real que no nos atreveríamos a aplicar en tiempos normales tiene que servir para adelantar los cambios que necesitamos.

Sin olvidar que el centro de toda intervención son las personas y, por lo tanto, debemos proteger sus derechos por encima de todas las cosas, sin castigar la innovación, la libertad de empresa y la competencia efectiva, a través de lo cual debemos buscar que nuestros países logren, como principio fundamental, conectar a todas las personas sin importar su situación socioeconómica y que todos nos beneficiemos de las TIC como herramienta para mejorar la calidad de vida.


[1] https://www.lavanguardia.com/internacional/20200405/48285133216/yuval-harari-mundo-despues-coronavirus.html. Consultado el 13 de abril de 2020.

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