Telecomunicaciones y medio ambiente

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El Economista Jorge Bravo

Las telecomunicaciones son una herramienta para el desarrollo, pero éste debe ser sostenible: pueden y deben contribuir a preservar el medio ambiente y contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, en particular de CO2, disminuyendo así la contaminación atmosférica y protegiendo la capa de ozono. Un segundo beneficio es el ahorro energético que puede fomentarse con la adopción de tecnologías limpias, incluidas las digitales.

Durante la reciente Conferencia sobre el Cambio Climático 2021 en Reino Unido (COP26), se les pide a los países que presenten ambiciosos objetivos de reducción de emisiones para 2030, lograr un cero neto para la mayoría de los países para 2050, acelerar la eliminación del carbón, proteger y restaurar ecosistemas y movilizar la financiación para alcanzar estos objetivos. Unas 450 organizaciones financieras, que controlan 130 billones de dólares, acordaron respaldar tecnologías limpias, como la energía renovable, y financiamiento para quienes se alejen de las industrias de combustibles fósiles como el carbón.

La industria de las telecomunicaciones contribuyó con el 2.6% del total mundial de emisiones de dióxido de carbono (CO2) en 2020. En términos financieros, la energía ocupa entre 20 y 40% de los costos totales de un proveedor telco. Aunque varía en cada caso, 73% de la energía de los operadores se consume en las radiobases y 9% en los centros de datos. 

Vinculado con la reforma eléctrica que se debate en México, en general para un operador de telecomunicaciones 46% del consumo total de energía fue suministrado por energías renovables, 43% por la red eléctrica tradicional (como es el caso de la Comisión Federal de Electricidad) y 11% por diésel, sobre todo en los países en desarrollo (GSMA). 

Como está planteada la reforma eléctrica del presidente AMLO, sólo para la industria de telecomunicaciones se reduciría el consumo de energías renovables y crecería la dependencia hacia la electricidad de la CFE (generada principalmente por combustibles fósiles) y el consumo de diesel.

Las telecomunicaciones son paradójicas porque las nuevas generaciones inalámbricas han logrado mayor eficiencia energética de kilovatios-hora por gigabyte (kWh/GB). Sin embargo, aunque la nueva tecnología 5G también ofrece una importante mejora de la eficiencia energética por gigabyte con respecto a las tecnologías anteriores, requerirá más torres, antenas y el tráfico-consumo de datos también será exponencial. Esto lleva a que la red sea más eficiente en términos de energía, pero también requerirá más consumo energético por la densidad de la red. 

Por otra parte, durante la pandemia constatamos que la necesidad de viajar y desplazarse puede, si no eliminarse, al menos reducirse sustancialmente mediante la banca en línea, el gobierno electrónico, el teletrabajo, la telemedicina y la educación a distancia. Para ello se requiere un nivel de desarrollo óptimo de la infraestructura de telecomunicaciones que permita utilizar esas y otras aplicaciones. 

Una plataforma de movilidad como Smart Transportation de DiDi, que permite analizar y mejorar el congestionamiento vial en las ciudades, tiene un impacto positivo de 247 kg de CO2 ahorrados por día, lo cual equivale a 90 toneladas de CO2 que dejan de emitirse a la atmósfera, gracias a los datos recopilados por la plataforma que permite una gestión más eficiente de la movilidad en las ciudades.

Las plataformas colaborativas de movilidad también reducen el desplazamiento innecesario de los vehículos en las ciudades, debido a la oferta y demanda de viajes, sin mencionar otras opciones de movilidad totalmente ecológicas como las entregas en bicicleta o transportes eléctricos.  

Gracias a los satélites, desde hace tiempo se emplea la teledetección para estudiar la superficie y atmósfera de la Tierra utilizando las propiedades de las ondas electromagnéticas. La teledetección espacial consiste en utilizar datos recopilados por satélites de observación de la Tierra para extraer información física, biológica y humana. 

El sistema mundial de telecomunicaciones cumple tres funciones principales: conecta centros meteorológicos mundiales, regionales y nacionales; recopila datos de observación y los difunde; distribuye análisis y pronósticos elaborados por centros de procesamiento de datos. Todo ello gracias a las telecomunicaciones para detectar fenómenos meteorológicos y prevenir desastres naturales. Sin ellas, los impactos y efectos medioambientales serían aún más devastadores para la población. 

Otro sector que puede beneficiarse de la tecnología digital es la agricultura. Un mejor acceso a la información necesaria para desarrollar métodos de cultivo, comercialización y distribución de productos agrícolas podría ayudar a detener la marea migratoria a las ciudades, mantener a la población asentada en su entorno original, alentarla a trabajar la tierra y, por lo tanto, aliviar la congestión en las ciudades, a menudo superpobladas, con su correspondiente contaminación medioambiental. La digitalización del campo puede acelerar el crecimiento de la economía rural y mejorar las condiciones de vida de la población en esas comunidades para prevenir su migración.

Un estudio elaborado por GSMA y Nokia revela que cuatro industrias (manufactura, eléctrica, transporte y edificación) representan 80% de las emisiones mundiales de CO2. La adopción de tecnologías digitales podría generar ahorros de CO2 para cada industria. En conjunto, el ahorro favorecido por las tecnologías asciende a 40% (equivalente a 11 gigatoneladas de CO2) hacia 2030, cuando los compromisos globales llaman a reducir 50% las emisiones contaminantes.

El estudio revela que el cambio a la fabricación inteligente podría dar lugar a una reducción de las emisiones de CO2 de 1.2 gigatoneladas durante el período de 10 años hasta 2030, aproximadamente 15% de las reducciones de CO2 para el sector manufactura. Esto equivale a 24 millones de autos retirados de las carreteras.

Existen coincidencias de que la digitalización de las industrias y la descarbonización de las mismas son posibles mediante tecnologías como la conectividad de banda ancha, la Inteligencia Artificial, los sensores para Internet de las Cosas, La Nube, Big Data y la robótica para impulsar el aumento de la productividad, hacerla más eficiente y sostenible con el medio ambiente. Esto será posible al mismo tiempo que la industria tecnológica es una de las primeras en avanzar en su cero neto para los objetivos de 2050.

Twitter: @beltmondi