El mundo – B.T.

Si de por sí los estudiantes lo tienen difícil en estos momentos, hay que sumar otro factor de riesgo a la enseñanza online: el propio ingenio de los chavales para evitar los exámenes o, directamente, para impedir que les den clase a distancia empleando arducias propias de grupos de ciberdelincuentes.

Este ha sido el caso del distrito de enseñanza de Miami, que se ha enfrentado en la pasada semana a un ciberataque masivo que tumbó toda la estructura online de Florida y que tenía como origen el ordenador de un estudiante de tan sólo 16 años.

El joven, cuyo nombre no ha trascendido por protección del menor, empleó un sencillo programa que se puede descargar gratuitamente para sobrecargar los servidores de su colegio y, después, de todos los colegios de la zona, ocasionando un severo problema que se ha tardado varios días en resolver.

El resultado, los más de 275.000 estudiantes y cerca de 20.000 profesores del estado no pudieron acudir a las clases online los primeros tres días del curso.

Esta circunstancia ha elevado las crítica de padres y miembros del consejo estudiantil con respecto a la plataforma elegida para impartir las clases online, pues como muy efectivamente se ha demostrado con un solo ataque, es muy frágil y puede acarrear más problemas a largo plazo.

La simplicidad del ataque es lo que ha hecho saltar tantas alarmas entre los expertos en seguridad digital de la policía de Florida, pues empleó una sencilla herramienta llamada ‘Low Orbit Ion Cannon’ (LOIC) para ejecutar una ataque por denegación de servicio (DDoS) sobre la plataforma de enseñanza.

Los ataques DDoS funcionan como una avalancha: se lanzan demasiadas peticiones de conexión a una página o plataforma online y, al ser incapaz de responder a todas ellas, es imposible conectarse a la susodicha. En otras palabras, es como si tienes un restaurante y, de pronto, aparecen mil personas pidiendo comida a la vez: es imposible alimentarlas a todas y la cocina colapsa.

Esta misma herramienta se ha empleado en el pasado por el grupo de ciberactivistas Anonymous para atacar páginas webs de grandes conglomerados de empresas, como MasterCard, Visa o PayPal, ya fuera a modo de protesta o con otros fines.

El estudiante que ha causado todos estos problemas podría enfrentarse a cargos bastante graves, como intento de fraude o un delito por interferir con una institución educativa. El FBI de Miami, que ha asistido en la investigación, apunta a que no es la primera vez que se topan con esta misma situación.

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