“Una tasa Google solo en España será negativa para los ciudadanos”

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ABC – Javier Tahiri

Es difícil vislumbrar una cumbre de la Organizción para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en la que no figure Gabriela Ramos. Directora de gabinete y «sherpa» durante años que se ha encargado de negociar y representar a la organización en los tira y aflojas internacionales, Ramos visita Madrid para participar, junto a la ministra de Economía Nadia Calviño, en un seminario organizado por el «club de los paises ricos» y la Fundación Ramón Areces. Con humor y una diplomacia exquisita, Ramos recomienda a España reformas para «reducir el paro juvenil o el abandono escolar e invertir en educación».

¿Qué le parece que España vaya a aprobar la tasa Google por su cuenta?

-Como nosotros lo estamos negociando para toda la OCDE, pedimos que esperen a 2020. Este tipo de cuestiones no pueden tener un acuerdo nacional. Los capitales son globales, entran y se van, y en el momento en que impones una solución local, generas distorsiones en el mercado negativas para los países y los ciudadanos. Hay muchos países que han anunciado que van a aprobar una tasa Google…pero después de 2020. Porque en 2020 la OCDE sacará el proyecto común. Hemos registrado avances muy importantes y creo que ahora sí hay una voluntad de los países de llegar a un acuerdo, porque saben que si no lo hay todos van a perder. Si no, habrá una guerra fiscal entre estados que no nos lleva a ninguna parte

-¿Cómo ve la economía española?

-Es interesante que la economía española se ha comportado de forma más resistente que el resto de la Unión Europea, a la que le hemos bajado la previsión de crecimiento del 1,8% al 1%. Sobre todo por Alemania, que se ha visto aquejada de la desaceleración china y las tensiones comerciales. Y con esto la economía española, pese a todo, sigue dinámica. En este entorno, el consumo y la inversión siguen siendo sólidos y al ser la demanda interna el motor del crecimiento, confíamos en que continúe. Evidentemente hay demasiados riesgos externos, como el miedo en la inversión extranjera, o el Brexit. Y si bien España no está tan expuesta como Holanda, Dinamarca o Irlanda, es parte de este entorno de incertidumbre en el que los inversores están a la espera de lo que ocurra. ¿Qué va a pasar con el Brexit? No lo sabe nadie, cada día Reino Unido dice una cosa distinta. Es una situación imposible que muestra que no es tan fácil desconectar sin dañar.

-¿Puede afectar la incertidumbre política nacional al crecimiento?

-La política siempre interfiere con los buenos deseos. No es solo en España, la incertidumbre política es una de las narrativas fundamentales actuales en el mundo. Esperamos que después de las elecciones haya un periodo de estabilidad y certidumbre. Espero que haya un mandato sólido y después de las elecciones el Gobierno se ponga a trabajar. El tema fundamental es cómo abordar los temas de largo plazo, cómo reducimos desigualdades regionales, cómo fomentamos que los jóvenes con capacidades las desarrollen reduciendo el paro juvenil y el abandono escolar, y cómo bajamos la desigualdad. Más allá del debate político, que siempre es complicado en elecciones, estas son las cuestiones importantes a abordar.

-Reformas como la de las pensiones, en la que la OCDE ha recomendado a España bajar el gasto

-No soy experta, pero lo evidente es que con el cambio demográfico tenemos un sistema basado en una esperanza de vida que era hasta los 65 años y ahora son diez años más. Es evidente que debe haber cambios. O se hace por la vía del contribuyente, o por la del Estado o por la de las empresas. La receta es que las pensiones deben ser sostenibles. Pero también el mercado laboral debe adecuarse a nuevas realidades. La jubilación a los 65 años quizá no sea realista. ¿Eso quiere decir que debe quedarse todo el mundo a trabajar después de los 65? No, pero aquellos que quieran ¿por qué no? Con incentivos para ello y condiciones especiales. Otro tema que tiene que ver en esta reforma es el de la integración laboral de la mujer. El Gobierno español es uno de los pocos feministas, junto a Nueva Zelanda y Canadá y con mujeres en carteras de primera línea. Pero España es también uno de los países con brechas salariales más altas entre hombres y mujeres. En la participación laboral de la mujer, esta suele tener contratos temporales de menor calidad que los hombres. Si queremos mantener una elevada tasa de sustitución -porcentaje del último salario que se cobra en la primera pensión-no solo hay que considerar a los trabajadores que ya están en el mercado, sino eliminar las barreras para que muchos otros puedan integrarse. Y esto entronca con otro factor como el migratorio. La OCDE recomienda que la inmigración bien administrada, lo cual no es siempre fácil, es una de las soluciones fundamentales para países envejecidos. España fue un modelo de éxito en este ámbito, con una elevada integración en parte porque la mayoría de inmigrantes venían de Iberoamérica.