Vehículos autónomos y geolocalización: ¿quién tiene las llaves de los datos?

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Seúl. Con la eventual adopción de vehículos autónomos aumenta la recolección de enormes cantidades de datos, incluidos patrones de tráfico y congestión y otros detalles que se pueden monetizar. Ante esto, surgen preguntas relacionadas con la privacidad, la propiedad, la ciberseguridad y la seguridad pública.

De acuerdo con un reciente estudio publicado por la Universidad de Dartmounth, los datos geoespaciales se pueden usar para dibujar nuevos mapas que identifican los espacios donde vivimos y viajamos.

Esa información se encuentra actualmente alojada en cajas negras tecnológicas y corporativas. Dada la relevancia social y los impactos de dicha información, estas cajas negras requieren una mayor transparencia.

Dejando de lado el factor de valor empresarial y los intereses económicos, existe otra visión sobre el uso de nuestros datos geoespaciales, donde los gobiernos locales, ciudadanos privados y otros actores también tienen un gran interés en utilizar esos datos para informar decisiones sobre la gestión del tráfico, la planificación urbana, la asignación de fondos públicos y otros proyectos.

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Sin embargo, para las organizaciones que no pertenecen al sector automotriz, acceder a los datos de los usuarios resulta una tarea titánica cuando dichos datos están bloqueados en redes cerradas controladas por fabricantes de automóviles.

El estudio analiza cómo mediante un marco de código abierto, los datos pueden estar más fácilmente disponibles para el público e informar una mayor comprensión de sus posibles usos e implicaciones.

Además de la legislación y el diseño de código abierto, la piratería es tanto un riesgo sistémico para los vehículos autónomos como un enfoque que se ha implementado para hacer que los datos de los automóviles y los sistemas automatizados sean más transparentes, al tiempo que responsabiliza a las empresas automovilísticas.

En 2013 y 2015, dos expertos en seguridad piratearon de forma remota un Jeep Cherokee 2014 y un Toyota Prius y Ford Escape, respectivamente, demostrando las fallas de seguridad en los vehículos que no eran autónomos.

Es probable que las vulnerabilidades de seguridad sean mucho más profundas con vehículos totalmente autónomos.