Zuckerberg quiere que los gobiernos, y no Facebook, sean los responsables de regular el contenido

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El Mundo-G.P

Tras unas semanas muy movidas en Facebook (principalmente por el ataque terrorista retransmitido en su plataforma, pero también por la publicación de un reportaje que detallaba las condiciones en las que trabajan sus moderadores de contenido), Mark Zuckerberg publicó una carta abierta –primero en el Washintgon Post; más tarde en el blog de la compañía— en la que pide una regulación mayor y más clara en cuatro aspectos que considera clave: contenido dañino, integridad de los procesos electorales, privacidad y la movilidad de los datos de los usuarios.

Aunque en este documento el CEO de la red social reconoce errores, parece destinado más bien a lavarse las manos de cara al futuro: si vuelve a emitir una masacre en directo con una regulación más clara, ¿sería culpa suya o del regulador?

“Cada día tomamos decisiones sobre qué discurso es nocivo, qué constituye publicidad política y cómo prevenir sofisticados ciberataques”, explica Zuckerberg. “Si empezásemos de cero, no pediríamos a las compañías que tomasen esas decisiones solas“, confiesa. “Creo que necesitamos un papel más activo de gobiernos y reguladores. Si actualizamos las reglas de internet podemos preservar lo mejor que tiene(…) al mismo tiempo que protegemos a la sociedad de daños mayores”.

Después, el directivo detalla sus planes para las cuatro áreas que considera clave. La primera de ellas, el contenido nocivo, hasta ahora estaba –y está– principalmente en manos de las plataformas. Zuckerberg explica que, a una escala de miles de millones de usuarios, siempre cometerán errores y tomarán decisiones con las que haya gente que no esté de acuerdo.

El CEO de Facebook llega a reconocer que tienen “demasiado poder sobre el discurso” y que no deberían ser ellos quienes decidiesen sobre él. Por este motivo ha anunciado la creación de “un cuerpo independiente para que la gente pueda recurrir nuestras decisiones” del que no da ninguna información adicional. También trabajarán “con gobiernos” (aquí la única mención específica son “funcionarios franceses”) “para asegurar la efectividad de los sistemas de revisión de contenido”.

Así, su idea es que las empresas de internet trabajen con “una estrategia estandarizada”. Es decir, los reguladores decidirían cuál es el contenido que no está permitido y serían las compañías las encargadas de evitar que llegase a su plataforma. De este modo, si finalmente llegase a publicarse en la red social no habría polémica al respecto. O, al menos, no la habría por su parte: cualquier error sería simplemente eso, un error.

Zuckerberg también introduce la idea de ‘juzgar’ a estas plataformas por su eficacia a la hora de eliminar el contenido nocivo mediante informes de transparencia (algo que, coincidencia o no, ellos ya hacen): “una vez que comprendamos la prevalencia del contenido dañino podremos ver qué compañías están mejorando y dónde deberíamos establecer la referencia”.

Ser el espejo en el que se tienen que mirar sus rivales complicaría bastante la vida a todos aquellos que no se pueden permitir siquiera pagar el espejo. Tampoco hay que olvidar que el espejo es el mejor sitio para maquillarse y que no se vean las imperfecciones: tras el atentado de Nueva Zelanda retransmitido una vez por Facebook la empresa rápidamente comunicó que lo había bloqueado 1,5 millones de veces.

INTEGRIDAD DE LAS ELECCIONES

El caso de las interferencias políticas y la regulación propuesta para ellas es similar. La red social primero recuerda lo que ya hace en –este caso, y desde hace apenas unos días, verificar la identidad de los anunciantes y publicar un archivo con información sobre la publicidad– y después propone que esto no dependa exclusivamente de ellos.

“Las leyes de publicidad política se centran principalmente en los candidatos y las elecciones en lugar de en los asuntos políticos que causan divisiones en los que hemos visto más intentos de interferencia”, reflexiona Zuckerberg. Además, explica que algunas leyes se aplican únicamente en período electoral añade que hay “preguntas importantes” respecto al uso de los datos de los usuarios para estas campañas.

De nuevo la propuesta del directivo en cuanto a la regulación se limita a pedir esa regulación. Facebook se vio claramente superada en las elecciones estadounidenses y parece que ya sabe que ocurrirá algo parecido en las próximas, y no únicamente en Estados Unidos.

Es más, sabe cuál es el problema al que se enfrentan (la interferencia en la política no se hace necesariamente desde la política ni es abiertamente política), pero quiere que sean otros los que se encarguen de establecer el marco de actuación y, de paso, que sean ellos o el propio marco los culpables si no se pueden proteger los procesos electorales.

PRIVACIDAD E INFORMACIÓN

Los dos últimos puntos, privacidad y protección de datos y la portabilidad de estos mismos datos, están muy relacionados. Zuckerberg le pone a Estados Unidos el ejemplo de la GDPR europea, sobre cuya protección considera que debería construir la nueva regulación.

Si bien este punto es loable, no hay que olvidar que, como señalan medios como el New York Times, Facebook, al igual que Twitter o Google, construyó su imperio antes de la llegada de esta legislación y gracias en cierto modo a que no existía una similar. Posiblemente hoy no podría llegar donde llegó si tuviese que cumplir los requisitos sobre privacidad de la GDPR, por lo que situarse de su lado ahora también sirve para luchar contra la futura competencia.

En lo que respecta a la portabilidad de los datos ocurre algo parecido: a Facebook le vendría muy bien. La compañía se encuentra en un proceso para abandonar el muro y unificar sus servicios de mensajería y la apertura de la que habla en su publicación le vendría de perlas. “Si compartes tus datos con un servicio, deberías poder moverlos a otro”, pide Zuckerberg. “Esto da capacidad de decisión a la gente y permite a los desarrolladores innovar y competir”. Lo que no dice es que el hecho de que ambos servicios sean propiedad de la misma empresa, no tanto.

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